Pablo Guerra 21 - 07 - 2015 AÑADIR COMENTARIO

Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo.

Hechos 11:10.

Cuando del Apóstol Pedro, tuvo un éxtasis donde Dios le mostró animales de toda clase, especialmente aquellos considerados inmundos; y recibió la orden de lo Alto que se levantara, matara y comiera de esos animales; Pedro reaccionó de manera tajante, diciéndole a Dios que él jamás había comido cosa inmunda.

El celo de Pedro cobró niveles de oposición, tratando de corregir al mismo Señor.  Tres veces se le ordenó comer, y las tres veces, hubo oposición firme.

Al final de este dialogo tan especial; el lienzo fue llevado de nuevo al cielo.

 

Si nos quedamos aquí, no aprenderíamos la lección total.  ¿Cuál es ésta? Que aunque ciertamente aquellos animales estaban considerados inmundos por la ley de Moisés; nuestro Dios ya los había limpiado, de conformidad con  su gracia redentora.

Además, esta es una figura de cómo Dios limpió a los gentiles, calificados anteriormente, como personas inmundas e indignas de ser favorecidos con la gracia redentora que emana del costado herido del Cordero de Dios, que vino a salvar a todo el mundo; principiando con su pueblo escogido, pero abarcando también a todos los gentiles que como Cornelio, se había sometido humildemente bajo la poderosa mano de Dios.

La verdad de que en el cielo no entra ninguna cosa inmunda; sigue siendo cierta. Pero nuestro Señor lo anticipó de manera profética, según se lee en el Salmo 24:3-4.  ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño.  Aquí principia a perfilarse la puerta abierta de los cielos, que claramente indica que en el monte de Jehová, es decir en los cielos, pueden estar los limpios de manos y de corazón puro.  Notemos que no discrimina a nadie, ya sea hombre o mujer; el acepta a todos sin importar su raza, color y nacionalidad.  La única condición, según el texto bíblico, es estar limpios.

En el evangelio de Juan 13:10, nuestro Señor amplió esta declaración diciendo lo siguiente: Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sin lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

No obstante esta verdad del Señor, siempre existe el celo humano, de no querer que otros tengan la misma bendición que uno ha recibido.  Pareciera que estar en los cielos solo es para una clase privilegiada; para personas que sin importar sus hechos o su condición espiritual, se han ganado aquel derecho tan solo por pertenecer a algún círculo especial de gente iluminada.

Ciertamente desde el contexto bíblico, han existido personas que fueron desechadas de la presencia de Dios, por causa de sus hechos malos, pecados tan graves como la desobediencia y la rebeldía; sin embargo la misericordia de Dios ha sido más grande que la maldad, proveyendo un medio eficaz para que todo hombre o mujer que reconozca su inmundicia espiritual y se arrepienta de corazón, alcance la misericordia del perdón de todos sus pecados y sea lavado con la sangre que Cristo derramó al morir en la cruz del Calvario, por todo el mundo.

El mensaje para el Apóstol Pedro era contundente; en los cielos se guarda todo lo que es puro, lo santo; allí encontraremos gente aun de aquellos que en el pasado fueron etiquetados como inmundos o comunes.  Porque para tener el derecho santo de ingresar a los cielos, existe un solo medio, un solo camino: Nuestro Señor Jesucristo, quien nos limpia de todo pecado por medio de su sangre, según se registra en la 1ª. Carta de Juan 1:7.

En Apocalipsis 21:27, también se amplía este concepto de la siguiente manera: No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

Dr. Mario Roberto Coronado J.

Categoria: Mensajes escritos

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